¿Quiénes mataron a Sandino?

1024 536 Cuaderno Sandinista

El General Augusto C. Sandino fue asesinado a traición el 21 de febrero de 1934. A continuación compartimos extractos del Capítulo 2 del libro «Entre Sandino y Fonseca» [1] donde se deja en claro ¿Quiénes mataron a Sandino?


A las cinco de la tarde del 21 de febrero de 1934, llegaron a la Casa Presidencial Sandino y su padre, acompañados de los generales Estrada y Umanzor. Invitados a cenar por el Presidente, permanecieron allí hasta las diez de la noche, en compañía del general Portocarrero, probable emisario gubernamental para los departamentos segovianos y de los hermanos del mandatario [2].

Ese mismo día en la tarde, la Guardia Nacional celebró consejo de guerra en la residencia de su jefe, Somoza. La respectiva citación advertía que se trataba de <<una cosa muy importante>>. De ese consejo participaron el general Gustavo Abaunza, segundo jefe de la Guardia Nacional, el coronel Samuel Santos, los mayores Alfonso González, Diego López Roig, Lisandro Delgadillo, Policarpo Gutiérrez, el capitán Francisco Mendieta, los tenientes Federico Davidson Blanco, Antonio López Barrera, Ernesto Díaz, el subteniente César Sánchez, el general Camilo González y algunos más, incluido el teniente Abelardo Cuadra, siendo en total dieciséis personas.

Al declinar la tarde apareció en la reunión Somoza, cuyas palabras fueron estas:

«Vengo de la embajada (norte) americana donde acabo de sostener una conferencia con el embajador Arturo Bliss Lane, quien me ha asegurado que el gobierno de Washington respalda y recomienda la eliminación de Augusto César Sandino, por considerarlo un perturbador de la paz del país».

A eso de las diez de la noche, el presidente Sacasa despidió a Sandino con un abrazo. A la Salida, Sandino, Estrada y Umanzor, son montados en un camión militar. Don Gregorio y Salvatierra permanece en el Hormiguero.

Son casi las 11 de la noche; cuando se escuchan los disparos, don Gregorio dice: «Ya los están matando».

Lane deambula por Managua en la noche

A la 1 de la madrugada del día 22, tres horas después, llegó a El Hormiguero nada menos que el Ministro Americano Bliss Lane, quien sube a don Gregorio y a Salvatierra en su carro y se los lleva a la Embajada.

¿Qué andaba haciendo un diplomático de su categoría, en una noche de balaceras, deambulando por Managua?

¿Cómo sabía Lane que todo estaba consumado? ¿Por qué no llegó antes que Sandino y su padre fueran separados, evitando así el crimen? ¿Estaba Lane en comunicación directa con Somoza? ¿Quién le informaba todo, minuto a minuto?

La versión que da Bliss Lane es que el presidente Sacasa y Somoza le pidieron que llevara a don Gregorio y a Salvatierra de la cárcel a la Oficina de la Legación, y que, desde allí ellos habrían llamado al Presidente, quien les indicó que se dirigieran a La Loma bajo la protección del carro de la Legación para garantizar sus vidas.

¿A quién se le ocurre que Somoza y Sacasa, dos fieles funcionarios al servicio de la Embajada, iban a mandar a Lane a traer a las mencionadas personas, función que podía realizar fácilmente cualquiera de los oficiales acantonados en Casa Presidencial?

La versión que da el coronel Juan Ferrete – quien escapó de la balacera en la casa de Salvatierra – el 12 de abril, al Diario de Costa Rica, dice: «El Ministro Americano es el verdadero Jefe de la Guardia Nacional de Nicaragua, y, con Moncada, principal persona responsable del cobarde asesinato de mi inolvidable jefe».

Agrega Ferreti: «Desde mi escondite pude ver al Ministro de los Estados Unidos que llegó a inspeccionar la casa de Salvatierra tres minutos después del asalto. Preguntó: <<¿Todo está consumado?>>, revistó los cadáveres y salió satisfecho».

Exageradas o no, las declaraciones de Ferreti confirman dos cosas: uno, lo extraño del peregrinaje de Bliss Lane esa noche tenebrosa por las calles de Managua; dos, el sentimiento generalizado de repudio en Centro América hacia su persona.

Pero, hay más todavía

Después de cometido el asesinato, nadie, ni el presidente Sacasa, puede localizar a Somoza; nadie sabe donde está. Pero Bliss Lane sí lo ubica inmediatamente y dice: «Habiéndome dicho el Presidente que no le había sido posible conseguir a Somoza por teléfono, me pidió si yo podía tratar de persuadirlo de llegar a la Presidencial. Yo consentí. Encontré a Somoza en su casa, mostrándose renuente a ir por la posibilidad de que se le hiciera objetivo de violencia. Al ofrecerle llevarlo conmigo en mi carro, consintió en acompañarme».

O sea, que Somoza no hacía caso a su jefe, el Presidente. Pero con Blis Lane sí caminaban de la mano, como un niño al ser llevado al dentista por su padre.

Finalmente, para cerrar con broche de oro el perfil de este extraño personaje, digno de una obra de Tennesse Williams, y su aún más extraña relación con Somoza, en varias de sus comunicaciones con el Departamento de Estado, se queja amargamente de que Somoza no le hace caso.

«Es cierto que he visto a Somoza muchas veces con anterioridad al miércoles, con el propósito de persuadirlo de que no hiciese nada precipitado. Él me dio su palabra de honor en cuatro ocasiones separadas (la última vez a las 6 p.m., del 21 de febrero) de que no tomaría ninguna acción contra Sandino, sin mi consentimiento».

¿O sea, que él se arrogaba el derecho de ser quien diera la orden final? No se quejaba porque Somoza hubiera matado a Sandino, sino por que no había sido tomado en cuenta. Pero, a pesar de todo, Lane defendería a Somoza hasta el fin.

«El Presidente me dijo anoche, (26 de febrero), que a pesar del juramento de lealtad por parte de la Guardia, (…) no tiene suficiente confianza en Somoza y sus hombres… Lo que el Presidente no parece comprender es, que es de vital importancia para él, no continuar disgustando a la Guardia con preparativos de defensa contra ella».

Lane cierra sus meditaciones con esta frase de antología:

«Desafortunadamente está rodeado por influencias que yo temo no son para bien del país: personas que desean humillar a Somoza haciendo caso omiso de las consecuencias».

Referencias:

[1] Chuno Blandón (2008). «Entre Sandino y Fonseca». Capítulo 2. 2° Edición, Segovia Ediciones Latinoamericanas. pp. 68 – 69

[2] https://barricada.com.ni/cronica-traicion-noche-que-asesinaron-a-sandino/

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