Omar Cabezas: «Así cayó el Comandante Julio Buitrago, padre de la resistencia urbana»

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Compartimos con nuestros lectores la anécdota de la caída en combate del Comandante Julio Buitrago, contada por Omar Cabezas en su libro «la montaña es algo más que una inmensa estepa verde». A continuación se presenta el texto:


En 1970 pasé por seis meses al clandestinaje, después de que el comandante Julio Buitrago muere en un combate cuando es descubierto en una casa de seguridad en Managua, junto con las compañeras Doris Tijerino y Gloria Campos. La Seguridad los detectó y posteriormente la Guardia montó alrededor de la casa un operativo militar sin precedentes en Nicaragua. Rodean la casa, la manzana y el barrio entero en un tercer cerco. Julio se fajó con la Guardia. Muere él solo, después de horas de resistencia en aquella casa. Es uno de los más grandes entre los grandes que ha tenido el FSLN. Fue él de los que forjó la gran leyenda de invencibilidad del Frente Sandinista en el pueblo, o bien que el pueblo forjó del Frente Sandinista esa leyenda. Esa leyenda se hizo en base a hechos históricos concretos. El primer hecho histórico concreto contemporáneo es ese combate heroico de Julio Buitrago el 15 de julio de 1969.

Y la Guardia cometió el error de pasar por televisión el combate; nosotros vimos sentados frente a la pantalla de la televisión del Club Universitario de León cómo una gran cantidad de guardias colocados en grupos en diferentes sitios, o de dos en dos o de tres en tres, de pie detrás de los árboles o de los vehículos, de rodilla en tierra detrás de los muros, o dese la posición de tendido, disparando contra la casa. El reportaje era sin sonido, veíamos nosotros con avidez cómo las armas automáticas expulsaban con una gran velocidad los casquillos, agudizábamos a vista y veíamos cómo saltaban pedazos de concreto, cemento, madera, vidrios, pintura, cuando centenares de miles de impactos de bala golpeaban contra la casa. Y también veíamos cuando salía el cañón de la sub-ametralladora de Julio por la ventana del balcón y se veía el humo de las ráfagas con que Julio contestaba. Al rato, lo veíamos aparecer en la ventana de abajo del primer piso o por la otra ventana del mismo primer piso o por la puerta del segundo piso que daba a la calle; de repente veíamos que Julio no aparecía, pero que la Guardia no se movía y veíamos que nadie seguía disparando y que había como reuniones de jefes de la Guardia afuera, y luego la Guardia empezaba a avanzar hacia la casa y, de repente, aparecía Julio disparando por cualquiera de los puntos que ya te dije, y los guardias salían en carretera para atrás, y nosotros gozábamos con eso porque veíamos que la Guardia le tenía miedo a las balas que Julio le tiraba. Y cuando veíamos que Julio le pegaba a algún guardia gritábamos enojados: <<¡Malditos!>> Luego llegó una tanqueta y los guardias se vio que se alegraron. La tanqueta se puso frente a la casa, como quince metros frente a la casa; nadie disparaba, ni los guardias ni Julio. Recuerdo que era de tarde y los guardias se secaban el sudor con pañuelos. Hubo un gran silencio… La tanqueta disparó… Nosotros pelamos el ojo cuando vimos que la tanqueta hizo saltar en pedazos la pared y decíamos: tal vez no le dan… tal vez no le dan… Después del disparo de la tanqueta se vio que los jefes gritaban a los soldados para que avanzaran sobre la casa. De cerca, Julio volvió a disparar desde adentro y los guardias se volvieron a correr otra vez de nuevo para atrás. La tanqueta volvió a disparar y ocurrió lo mismo. Luego hubo un silencio prolongado y apareció una avioneta y entonces empezaron a disparar sobre la casa todos los guardias, la tanqueta insistentemente, y el avión, que casi rozaba la casa, disparaba, y entonces veíamos cómo iban reduciendo a escombros la casa en cuestión de segundos. Saltaban al mismo tiempo pedazos de hierro, de zinc, trozos de madera, pedazos grandes y pequeños de pared; trozos de madera, pedazos grandes y pequeños de pared; vidrios regados por todos lados… Y no nos explicábamos cómo Julio estaba vivo porque veíamos cómo la Guardia se escondía o las balas que Julio disparaba pegaban cerca de los guardias, y veíamos guardias caer heridos y de inmediato algo que nos conmocionó a todos:

Vemos salir por la puerta central de la casa a Julio, corriendo, disparando en ráfaga contra la Guardia y, segundos después, cómo Julio se empieza a doblar y, disparando y doblándose más y disparando y doblándose más, hasta caer al suelo. A nosotros nos daban ganas de llorar, pero al mismo tiempo sentíamos que teníamos una fuerza indestructible.

Así cayó el padre de la resistencia urbana del Frente Sandinista.

Por supuesto que todo el que en Nicaragua tenía televisión vio eso. Y lo vieron los que no tenían televisión también, porque Somoza cometió la estupidez de pasarlo varios días por televisión, y los vecinos que no tenían televisión llegaban a las casas de los que tenían para verlo. El pueblo vio cómo los guardias temblaban nerviosos; sus gritos; oyeron por los megáfonos pedirle a Julio que se rindiera; las tanquetas, porque luego recuerdo que llegó otra. El avión y dos helicópteros. Y luego Julio, solito él ahí.

Referencia: Cabezas, O. (1982). «la montaña es algo más que una inmensa estepa verde». Primera edición: La Habana, Casa de las Américas. pp. 31 – 34.

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