Rosa la afilada espada, llama viviente de la revolución

1024 536 Cuaderno Sandinista

Compartimos un artículo de Carla Caldera, titulado: «Rosa la afilada espada, llama viviente de la revolución». A continuación se presenta el texto:


Nacida en la Polonia en el año 1871 en el seno de una familia judía, pronto se dio cuenta de que la lucha por su ideario marxista sería muy reducida si se quedaba en su país y que para tener influencia debía traspasar la frontera de Alemania, donde existía el Partido Socialdemócrata (SPD) más fuerte del mundo. Para ser ciudadana alemana legal, firmó un matrimonio de conveniencia con un socialista alemán, lo que le dio derecho a la nacionalidad de ese país.

A partir de ese momento, Alemania fue su principal campo de acción. En el seno de la socialdemocracia y de la Segunda Internacional, aunó teoría (multitud de artículos y libros muy importantes) y praxis (intervención en congresos, debates con muchos de los popes del marxismo su amigo Franz Mehring la definió como “la mejor cabeza después de Marx».

De su vasta producción teórica destacan los temas que forman parte de su legado y que constituyen lo que, a su muerte se denominó “luxemburguismo”, una escuela marxista de características propias: su pacifismo, su lucha contra el revisionismo y la defensa de la democracia en el seno de la revolución. Sus posiciones, a veces intransigentes, le hicieron polemizar con las figuras más relevantes del socialismo marxista, como Lenin, Trotski, Bernstein, Kautsky.

Reivindicándora del mejor marxismo (aunque también polemizó con algunas de las ideas del Marx economista en el libro La acumulación de capital), argumentó en favor del internacionalismo como forma de pensar y de vivir. El Manifiesto comunista terminaba con la célebre fórmula de “¡Proletarios de todos los países, uníos!” frase célebre de Flora Tristán, que fue suscrita en el manifiesto comunista por Marx, y Rosa Luxemburgo y Liebknecht la hicieron suya también.

Era la noche del 15 de enero de 1919, cuando en el hotel Eden de Berlín, el soldado Runge le destroza el cráneo y la cara a culatazos; otro militar, también al servicio del capitán Pabst, la remata de un tiro en la nuca. Atan su cadáver a unos sacos con piedras para que pese y no flote, y es arrojado a uno de los canales del río Spree, cerca del puente Cornelio.

No aparecerá hasta dos semanas después. Así acaban con la vida de Rosa Luxemburgo , la más importante dirigente marxista de la historia, antigua militante del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), la líder más significativa de la Liga Espartaquista y fundadora del Partido Comunista de Alemania.

Rosa Luxemburgo no llegó a cumplir los 50 años, cuando fue asesinada brutalmente por soldados prusianos, fue despedida en su entierro por su amiga Clara Zetkin con las siguientes palabras:

“En Rosa Luxemburgo, la idea socialista fue una pasión dominante y poderosa del corazón y del cerebro; una pasión verdaderamente creativa que ardía incesantemente. Rosa fue la afilada espada, la llama viviente de la revolución”.

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