El Huracán Mitch y la vulnerabilidad de los nicaragüenses durante el neoliberalismo

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El 28 de octubre de 1998, América Central fue impactada por el Huracán Mitch. En Nicaragua se registraron más de 2000 personas muertas y miles de damnificados.

Una breve introducción de la Nicaragua PRE – Mitch:

El pueblo de Nicaragua, en los años del neoliberalismo, mucho antes de la llegada del Colosal Huracán Mitch, era vulnerable, frágil y sin alternativas concretas que permitieran salvaguardar la vida, como eje principal de interés nacional.

Un sistema económico, dependiente de la exportación de un reducido número de productos: café, azúcar, oro, carne, ajonjolí marisco y banano, dependientes de los cambios en la demanda y precios del mercado, sin regulaciones y controles, lo que se traduce después en vulnerabilidad social. Condiciones laborales deficientes, pobreza generalizada afectando a más del 80% de la población, un 70% un grado para la pobreza extrema en el sector rural y entre un 70 a 75% al sector urbano.    

Desnutrición infantil, 1 de cada 2 (más del 52%) de los extremadamente pobres eran menores de 15 años. Entre los menores de 5 años, el 5% presentaba alguna forma de desnutrición infantil, predominando ésta en las niñas y niños entre 12 y 36 meses de edad. Además, hay que recordar la deficiencia en infraestructura sanitaria. Antes del huracán Mitch, se estima que más de un millón y medio de habitantes carecía de agua potable y más de tres millones de servicios de alcantarillado y eliminación adecuada de aguas servidas, altos índices de analfabetismo e insostenible deuda externa.

Descripción del Desastre  

El 21 de octubre de 1998 se comunicó de la formación de una tormenta tropical denominada Mitch, que se hallaba aproximadamente a 580 km al sur de Jamaica. De evolución extremadamente rápida y peligrosa, se convirtió en huracán y pasó en solo 48 horas a la categoría V (escala internacional Saffir–Simpson). En los días subsiguientes este sistema favoreció el ascenso de la zona de convergencia intertropical (ZCIT) y la formación de un centro de baja presión frente a la costa nicaragüense del Pacífico.

En Nicaragua, desde el 24 de octubre las inundaciones empezaron a aislar e inmovilizar a más de la tercera parte de la población. Para el 28 de octubre, más del 60% de la superficie del país había quedado incomunicada por tierra: ríos, lagos y lagunas desbordaron, las aguas del lago Xolotlán, en Managua, subieron 4 metros (de 36,41 m sobre el nivel del mar el 22 de octubre de 1998 a 40,12 m el 30 de octubre de 1998). Nuevos y gigantescos cauces de impresionantes caudales alteraron repentinamente la geografía nacional: comunidades enteras fueron arrastradas o sepultadas por grandes corrientes de agua, arena, tierra y árboles abatidos; colosales deslizamientos de tierra barrieron las laderas de montes volcanes y colinas; carreteras y puentes en ruinas, incomunicación, destrucción de los servicios eléctricos, del alcantarillado y los acueductos, contaminación e inutilización de las fuentes de agua, dibujaron un panorama desolador de devastación y muerte en numerosos municipios.

Se estima que, en las zonas de occidente, cayó un promedio de 1200 (mm) milímetros de agua, donde prácticamente representó todo el período lluvioso. Es importante mencionar, que el mayor impacto del huracán lo recibió el país de Honduras, sin embargo, los efectos de las lluvias estacionadas alrededor de 10 días, fue una de las causas que ocasionó tragedia en la población que habitaba en el Pacífico, el 67% de la población en general.  

El paso del huracán, no solo es recordado por la larga lista de destrucción en infraestructura, sino por la tragedia humana en el Volcán Casita Municipio de Posoltega.

Deslave del Casita

Este viernes 30 de octubre de 2020, se cumplen 22 años, de la tragedia que lejos de ser atendida, no se le prestó la importancia que se merecía.  La comunidad Rolando Rodríguez y El Porvenir eran para ese entonces zonas rurales, en las cuales no existía energía eléctrica, tocaba alumbrarse con candelas y candiles, el único medio de comunicación con el entorno social y el estado, era la radio.

En la noche del 30 de octubre de 1998, de acuerdo a testimonios de los pobladores, se escuchó un fuerte estruendo, confundido por unos con el de un helicóptero y con el de un trueno por otros. El lahar del volcán Casita, de la ladera sur se derrumbó originando un avalancha de lodo y rocas que descendieron rápidamente por la laderas del volcán, el lodo cubrió un área de 20 km de longitud y 2 – 3 km de ancho, al Suroeste del volcán. Los caseríos y casas ubicados entre el volcán Casita y la ciudad de Posoltega quedaron destruidas.

Muchos de los sobrevivientes, nunca lograron encontrar el cuerpo de sus familiares. Se estima que este hecho cobró más de 2,500 personas y 120 sobrevivieron, tragedia que pudo ser prevenida.

Tragedia que se pudo evitar

La Cra. Felicita Zeledón (QEPD), Alcaldesa del Frente Sandinista de Liberación Nacional para el Municipio de Posoltega, conocedora de la población, entorno, territorio y relieve de la zona, con los limitados recursos financieros asignados por el gobierno liberal, no podía hacer mayores esfuerzos, con valentía hizo el llamado a nivel nacional del posible escenario en las faldas del volcán Casita, sin embargo, no fueron atendidos sus requerimientos y necesidades por el gobierno del entonces Ex Presidente de la República, José Arnoldo Alemán Lacayo.

El Frente Sandinista, su eje central, la vida y la comunidad  

Ante el rechazo y burla de las autoridades del gobierno neoliberal, la Cra. Felicita Zeledón, obtuvo el apoyo incondicional y palabras de aliento del secretario general del Frente Sandinista, Comandante Daniel Ortega Saavedra, quien sí estaba consciente de que el país entero estaba sufriendo uno de los desastres naturales más desgarradores de su historia.

Familias acompañadas por las autoridades

Hoy en día, nuestro Gobierno, atiende a la población en las diferentes departamentos, ciudades y comunidades, mediante un Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres – SINAPRE.

Los fenómenos naturales son inevitables, hoy más que nunca producto del cambio climático, sin embargo, la población puede tener la seguridad que, para el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, la prevención y mitigación de desastres naturales, sigue siendo una prioridad.

Los Ejercicios Nacionales de Protección a la Vida, que se realizan constantemente en todo el territorio nacional, son un ejemplo del compromiso del gobierno, de la mano con las familias y comunidades nicaragüenses para estar preparados frente a diferentes escenarios.

Fuente: https://barricada.com.ni/

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