Gral. Augusto C. Sandino: «La Chula» y el combate de Las Cruces

1024 536 Cuaderno Sandinista

Compartimos escrito del Gral. Augusto C. Sandino titulado «La Chula» y el combate de Las Cruces. A continuación se presenta el texto original:


El Chipote, 10 de octubre de 1927

Las armas defensoras del Derecho Nacional de Nicaragua, una vez más, se han cubierto de gloria.

Hacía días que en el campamento general se notaba inusitado entusiasmo por ver la prueba de un «aparato» haciendo los primeros disparos de ensayos a las diez de la mañana del día 7 de los corrientes, los cuales dieron magníficos resultados. El Estado Mayor, convencido de la efectividad del tiro, estudió la topografía del terreno, sobre lo cual se guardó estricta reserva. Una vez estudiada la ruta que diariamente siguen los aviones yankees en su atarea de matar pacíficos campesinos, se buscó la altura más dominante para la colocación del aparato. El resultado no se hizo esperar mucho tiempo. El 8 del actual, a las diez de la mañana, «La Chula», que así se llama dicho aparato, estaba colocado en actitud de alcanzar, con su potente fuerza, a los aeroplanos enemigos, que cobardemente protegidos por la altura, destrozan a los aldeanos indefensos. A las 10:30 dos enormes aviones aparecieron sobre la cordillera donde «La Chula» los esperaba; al virar se tomó la más fina puntería. Sonó el disparo, el cual fue constatado con una lluvia de balas por el segundo avión; pero nuestro tiro había dado en el blanco, y aquél cayó a tierra. Los aviadores murieron. Del aeroplano asesino capturamos dos máquinas con fuerte dotación de parque, un poderoso anteojo, dos pistolas escuadras N° 45 y todos los demás útiles que cargaba.

Como era de suponerse que con el acto las fuerzas invasoras trataran de mandar, aunque con miedo, algunas columnas en auxilio del aeroplano derribado, me preparé y les tendí un bonito lazo, donde metieron los pies a manera de palomas.

Efectivamente: el segundo día, o sea el 9, tuve la noticia de que los filibusteros se aproximaban a Las Cruces, lugar donde pernoctaba mi gente, e inmediatamente mandé cuatro columnas a cerrarle todos los puntos de salida. A las dos de la tarde se rompieron los fuegos simultáneamente y el enemigo quedó arrollado por todas mis columnas, sin que, por más de diez minutos, supiera de dónde le llovían las balas. El combate fue encarnizado: el enemigo constaba de doscientos, de los cuales no salieron ni diez con vida. Terminaron casi en su totalidad. Y, por consiguiente, quedó en nuestro poder todo su gran tren de guerra; y hay que hacer notar que el avance en máquina fue de lo mejor: se les quitó ocho máquinas Lewis con fuerte dotación de parque, aunque el tal parque no lo necesitamos, dada la cantidad que tenemos y que jamás podremos agotar; y si lo mencionamos es como botín. También quitamos una bandera norteamericana, la cual conservamos como trofeo de guerra.

El combate duró cinco horas. De nuestra parte se explotaron más de cien bombas de mano y combatieron catorce máquinas.

Los jefes de nuestras columnas son los siguientes:

Primer Jefe, Coronel Carlos Quezada; segundo Jefe, Coronel Simón Montoya M.; tercer Jefe, Capitán Ladislao Palacio; cuarto Jefe, Capitán Antonio Galeano.

Estos son los principales jefes que tomaron parte en tan glorioso combate, el cual tiene muchas analogías después de ciento diez y siete años transcurridos, con el que el heroico pueblo mexicano sostuvo en el Monte de Las Cruces, al iniciarse su independencia.

Patria y Libertad.

A. C. Sandino.

Referencias: Ramírez, S. (1984). «El pensamiento Vivo / Augusto C. Sandino». Tomo I. Editorial Nueva Nicaragua, colección de pensamiento vivo 4. p. 161 – 162

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