Rubén Darío. La hostilidad de la Casa Blanca

1024 536 Cuaderno Sandinista

Dios quiera llevar la paz a mi país. Se dice que los Estados Unidos han intervenido en todo esto. Si ello fuese cierto, como parece, es lamentable que nación alguna intervenga en los asuntos íntimos de Nicaragua, ni aun para hacer el canal… Ya se sabe que el mismo Lesseps informó en un tiempo que el único canal posible era el de Nicaragua. (1)

Después los Estados Unidos quisieron realizar la obra. No se sabe qué negociaciones la dificultaron; pero es un hecho que desde que loes españoles pensaron en abrir el Istmo, es por la tierra que más fácilmente se puede llevar a cabo.

Después de todo, sin la hostilidad de la Casa Blanca, Zelaya estaría aún en el Poder.

¡Oh, pobre Nicaragua, que has tenido en tu suelo a Cristóbal Colón(2) y a fray Bartolomé de las Casas(3), y por poeta ocasional a Víctor Hugo. Sigue tu rumbo de nación tropical; cultiva tu café y tu cacao y tus bananos; no olvides las palabras de Jerez: “Para realizar la Unión Centroamericana, vigorízate, aliéntate con el trabajo y lucha por unirte a tus cinco hermanas!”


(1) Darío Rubén (2010). “Escritos Políticos/Rubén Darío; selección, estudios y notas de Jorge Eduardo Arellano y Pablo Kraudy Medinba. –1ª ed. – Managua: Banco Central de Nicaragua, pp. 154 – 155.

(2) El Almirante sólo avistó el litoral atlántico de Nicaragua. Personalmente, no desembarcó; sólo entraron al “Río del Desastre” (el Río Escondido, según Jaime Íncer) dos de sus tripulantes – Martín de Fuenterravia y Miguel de LAriaga – quienes, en busca de leña y agua dulce, perecieron en una tormenta el 17 de diciembre, siendo los primeros europeos fallecidos en tierra firme.

(3) El tenaz defensor de los indios estuvo en Nicaragua tres veces: a principios de 1531, año en que partío del Realejo de Perú; de febrero, 1532 a junio, 1533; y en 1535. El 15 de octubre de ese año escribió en Granada una “Carta a un personaje de la Corte”. Véase a Ernesto Mejía Sánchez: “Las Casas en Nicaragua”, Nicaráhuac, Managua, num. 12, abril, 1986, pp. 151 – 160-

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