Por: Ansonith Albano
Casa de la Soberanía Miguel d’Escoto Brockmann
UNAN-Managua
Dos meses después del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el Comandante Daniel Ortega Saavedra compareció ante la Asamblea General de Naciones Unidas en su XXXIV período de sesiones, como miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de Nicaragua. Su intervención simbolizó la reinserción soberana del país en el orden internacional y, con ello, la llegada del pueblo nicaragüense a ocupar, con voz propia, su lugar legítimo en el principal foro político multilateral.
Este discurso constituyó un momento fundacional de la política exterior del nuevo Estado revolucionario, desterrando la lógica de enclave reproducida por el régimen somocista en estos espacios multilaterales, como expresión acabada de la intervención estadounidense en el país.
Así lo expresó el Comandante Daniel en su discurso de esa mañana del 28 de septiembre de 1979 en Nueva York:
“Durante 31 años la intervención habló por la boca de Somoza… El 19 de julio fue el pueblo de Nicaragua el que pasó a ser miembro de las Naciones Unidas… Y así como Somoza encontró cómplices en Naciones Unidas, el pueblo de Nicaragua tuvo hermanos en Naciones Unidas”.
✓ Una doctrina emancipadora construida desde la resistencia nacional
La Revolución Popular Sandinista cuenta con una doctrina internacional propia, enraizada como construcción histórica en la tradición de luchas populares contra la agresión extranjera. Sus antecedentes se encuentran en la resistencia de nuestros pueblos originarios frente al orden colonial, en la hidalguía expresada por el General José Dolores Estrada, Andrés Castro y los defensores de San Jacinto frente al filibusterismo, en la vocación antiintervencionista del General Benjamín Zeledón, y de manera decisiva, en la gesta patriótica y antiimperialista del General de Hombres y Mujeres Libres, Augusto C. Sandino.
Esa memoria de resistencia fue reivindicada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que bajo la conducción revolucionaria del Comandante Carlos Fonseca Amador, se convirtió en programa político emancipatorio. El Programa Histórico de 1969 sistematizó esa acumulación histórica de resistencia y luchas populares, definiendo los fundamentos que orientarían las relaciones internacionales del nuevo Estado revolucionario surgido el 19 de julio de 1979.
✓ La soberanía como fuerza transformadora
La doctrina internacional sandinista sitúa el concepto de soberanía en el plano material. La soberanía se constituye así en un instrumento político y una condición de poder orientada a la conquista del bien colectivo.
En el plano nacional, representa un patrimonio histórico del pueblo nicaragüense que permite acumular capacidades políticas, económicas e institucionales en función de transformar aquellas estructuras que históricamente lo han condenado a la pobreza, la exclusión y la dependencia. En el ámbito internacional, supone ampliar márgenes de autonomía para garantizar el aprovechamiento de los recursos naturales y preservar la capacidad de definir el modelo político-social considerado pertinente, frente a las presiones de los centros hegemónicos occidentales que todavía condicionan el orden internacional.
Una de las primeras expresiones de esa voluntad de autonomía fue la incorporación de Nicaragua al Movimiento de Países No Alineados. La adhesión se formalizó durante la VI Cumbre del Movimiento, celebrada en La Habana del 3 al 9 de septiembre de 1979. Ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el Comandante Daniel Ortega explicó que aquella decisión respondía a la búsqueda de la “total emancipación económica y política” de Nicaragua y asumía, al mismo tiempo, “la idea de la unidad de los débiles”.
Esta línea de acción encuentra sustento en la Ética de la Liberación desarrollada por Enrique Dussel. Su principio material establece que la acción ética de cada ser social debe orientarse a la producción, reproducción y desarrollo de la vida humana concreta y en comunidad. Desde esta perspectiva, la acción política adquiere un sentido ético cuando prioriza la defensa de la vida y el bienestar colectivo de los sectores vulnerables.
Desde esta perspectiva, la acción de defensa de la soberanía nacional asumida por los Copresidentes, Comandante Daniel Ortega y Compañera Rosario Murillo, adquiere una dimensión ética en la medida en que el ejercicio de la política exterior sandinista orienta la defensa del Estado nicaragüense hacia la creación de condiciones materiales que permitan sostener la vida, combatir la pobreza y ampliar las posibilidades de realización comunitaria.
Fuente: Casa de la Soberanía Miguel d´Escoto Brockmann
