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El derecho propio a decidir en Fidel y Tomás

by Cuaderno Sandinista
15 agosto, 2026
in Opinión
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El derecho propio a decidir en Fidel y Tomás
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Por Ansonith Albano

Casa de la Soberanía
Miguel d’Escoto Brockmann
UNAN-Managua

Hay fechas que invitan a recordar y otras que, además, convocan a renovar compromisos. Este 13 de agosto se reunieron ambas condiciones. Se cumplió el primer centenario del nacimiento de uno de los hombres más influyentes en la historia universal: el Comandante Fidel Castro Ruz, nacido en Birán, Cuba, en 1926, y también el 96° aniversario del natalicio del Comandante Tomás Borge Martínez, nacido en Matagalpa en 1930. ¿Casualidad o causalidad? Las luchas populares señalan que la historia no está marcada por la fortuna.

Honrar a estos seres excepcionales exclusivamente desde la épica revolucionaria que protagonizaron redundaría en dejar de lado otras dimensiones extraordinarias de sus legados políticos y humanos.

Fidel y Tomás pertenecieron a una espléndida generación de jóvenes nuestroamericanos que cuestionaron su presente desde una interrogante fundamental: ¿Cuál es el verdadero valor de la soberanía cuando los pueblos son víctimas de un sistema internacional profundamente injusto y desigual? En la construcción ideológica de ambos Comandantes, se evidencia una evolución de la concepción tradicional de la soberanía nacional, hasta situarla como un poderoso instrumento de redención popular que, parafraseando a Bolívar, permitiría garantizar la mayor suma de felicidad y estabilidad política mediante la construcción de un modelo propio de sociedad.

Un año después del triunfo de la revolución, concretamente el 27 de enero de 1960, expresó en la Plaza de la Revolución:

> “Cuando se habla de soberanía, cuando se habla de autodeterminación, se habla del derecho a labrarse su propio porvenir, se habla del derecho a disfrutar de nuestros recursos”.

Fidel relaciona así dos dimensiones necesarias para culminar el proceso de emancipación: el pueblo debe ser libre frente a quienes pretenden dominarlo desde afuera, pero también libre frente a las estructuras de privilegio que negaron la equitativa distribución de la riqueza. En noviembre de 1971 durante su célebre visita al presidente Salvador Allende, señaló en un discurso a trabajadores de la provincia de Iquique:

> «Lo que se quiso castigar en nuestro pueblo fue su voluntad y su decisión de proclamarse en pueblo soberano, en pueblo libre, en pueblo decidido a recuperar sus recursos naturales, y en pueblo decidido a trabajar por su bienestar.»

Esta formulación permite reconocer una convicción fundamental en el pensamiento del Comandante Fidel: la soberanía nacional debía traducirse necesariamente en emancipación humana.

La Campaña Nacional de Alfabetización de 1961 significó que cada cubano que aprendía a leer conquistaba nuevas herramientas para comprender su realidad y participar en su transformación. Lo mismo puede decirse de la formación masiva de médicos, maestros, técnicos, investigadores, científicos e internacionalistas impulsada por la Revolución cubana. Así, la capacidad soberana de Cuba no se medía únicamente por su capacidad de resistir las agresiones e imposiciones foráneas, específicamente de Estados Unidos, sino también por la posibilidad de garantizar el disfrute de una vida digna y de calidad a su pueblo.

La Filosofía de la Liberación propuesta por Enrique Dussel ofrece una herramienta particular para interpretar esta praxis política. Para Dussel, la dimensión material de la acción política debe garantizar efectivamente la producción, reproducción y desarrollo de la vida humana en comunidad.

Partiendo de esta propuesta, y si se asume el principio que reconoce al pueblo como sujeto de soberanía, resulta válida la noción que la concibe como instrumento político: como ejercicio del poder de la comunidad nacional para decidir cómo quiere vivir y construir las instituciones necesarias para realizar ese propósito, pero también como poder para transformar aquellas condiciones que niegan, desde adentro, la plenitud de la vida. Preservar y defender la virtud soberana de un Estado, como instrumento orgánico de esa comunidad nacional soberana, redunda así, desde ese criterio dusseliano, en virtud política orientada a garantizar la vida.

Siguiendo con este nivel de análisis, la dependencia política posee una doble expresión: se manifiesta, primero, en la subordinación frente a poderes externos y, segundo, en la exclusión de amplios sectores de la población de la riqueza socialmente producida.

De ahí que el antiimperialismo del Comandante Fidel no pueda reducirse exclusivamente a su confrontación política con Estados Unidos. Su dimensión estratégica consistió precisamente en comprender que una independencia incapaz de generar capacidades nacionales para la producción y defensa de la vida digna continuaría siendo una independencia vulnerable.

Construir escuelas, formar médicos y profesionales, desarrollar ciencia, garantizar los derechos sociales: cada espacio arrebatado en la batalla contra la pobreza y la exclusión amplía la capacidad soberana efectiva en la comunidad nacional.

Y justamente en ese punto encontramos al Comandante Tomás Borge. Si el centenario de Fidel convoca a la apropiación de esta concepción material de la soberanía, el 96° aniversario del natalicio de Tomás permite reconocer cuánto de esa reflexión pertenece también a la propia experiencia histórica de la lucha del pueblo de Nicaragua por su derecho a construir paz y bienestar.

El Comandante Tomás honró una tradición antiimperialista sistematizada en la lucha del General Augusto C. Sandino y convertida en Programa Histórico por el Comandante Carlos Fonseca Amador y la generación fundadora del Frente Sandinista. Esa herencia práctica y doctrinal se sustentó en la comprensión de que la liberación de Nicaragua iba más allá de la expulsión de la dominación extranjera y del derrocamiento del somocismo. La emancipación debía significar la transformación radical de las estructuras económicas y sociales que reprodujeron por décadas el analfabetismo, la pobreza extrema, la exclusión rural, la inequidad y la ausencia de oportunidades que condenaban a importantes sectores de nuestro pueblo.

Tomás lo formuló con extraordinaria claridad en un discurso pronunciado el 20 de febrero de 1980, en ocasión del 46° aniversario del paso a la inmortalidad del General Sandino en el Cine María, ante trabajadores del Ministerio del Interior: «En esta etapa difícil y compleja de la Reconstrucción Nacional, el objetivo fundamental del Frente Sandinista de Liberación Nacional es suprimir hasta los últimos residuos de la explotación y crear una nueva sociedad.»

Fidel y Tomás comprendieron que la soberanía debía tener rostro humano. Más allá del paralelismo histórico, ambas experiencias, la cubana y la nicaragüense revelan una concepción compartida: la revolución debe expresar su capacidad liberadora en la medida en que resulta ser sujeto transformador y garante de la vida material y espiritual del pueblo.

Esta reflexión adquiere especial vigencia en el momento en que se desarrolla un amplio proceso de consulta sobre una reforma parcial a la Constitución Política de la República de Nicaragua, en el que conceptos como soberanía, autodeterminación, estabilidad, seguridad, paz y lucha contra la pobreza aparecen expresamente relacionados.

¿Qué se defiende cuando se fortalece constitucionalmente la protección de la soberanía? Desde esta propuesta argumentativa, no solamente la integridad territorial o la capacidad de las instituciones del Estado para cumplir sus objetivos. Se protege, por encima de todo, la posibilidad de la comunidad nacional de decidir por sí misma, dar continuidad al modelo político propio; determinar sus prioridades sociales; administrar sus recursos; y preservar la paz, condición indispensable para librar exitosamente la batalla contra nuestro principal lastre histórico: la pobreza. Este propósito representa precisamente la base programática del Plan de Lucha contra la pobreza y para el Desarrollo Humano impulsado el Gobierno de reconciliación y unidad nacional.

Todo ello ocurre en un contexto internacional en que las contradicciones estructurales del capitalismo vuelven a propiciar prácticas de carácter fascistas como respuestas a sus propias crisis. Por tanto, defender la paz y la soberanía como instrumento del poder popular para garantizar bienestar social constituye la mejor forma de honra a la vida y legado de Fidel y Tomás.

Fuente: Casa de la Soberanía Miguel d´Escoto Brockmann 

Tags: #CuadernoSandinista#Cuba#FidelCastro#Historia#Nicaragua#Soberanía#TomásBorge
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