Por Cuaderno Sandinista
El periodismo en Gaza se ha convertido en una sentencia de muerte. Desde octubre de 2023, más de 245 periodistas han sido asesinados por Israel, una cifra que supera los caídos en las dos guerras mundiales. Cada cámara destruida, cada pluma silenciada, es parte de un plan: borrar las pruebas del genocidio, impedir que el mundo vea la barbarie y garantizar la impunidad del ocupante.
Los ataques son selectivos, directos y planificados. El bombardeo contra el Complejo Médico Nasser en Khan Yunis, que mató a cinco periodistas en un mismo día, o el asesinato del reconocido reportero Anas Al-Sharif, premiado con un Pulitzer, muestran que no se trata de daños colaterales: es una política de exterminio contra quienes se atreven a documentar la verdad.
Pero lo más repugnante es la complicidad de los grandes medios occidentales. Reuters, Associated Press, CNN y otras cadenas repiten como loros la narrativa israelí, justifican el asesinato de sus propios corresponsales y normalizan la propaganda genocida. La reciente renuncia de la fotoperiodista Valerie Zink, quien denunció a Reuters como cómplice del asesinato de periodistas, desnuda la hipocresía de quienes se presentan como defensores de la “libertad de prensa” pero guardan silencio ante el asesinato de colegas palestinos.
La “libertad de expresión” que Occidente proclama no aplica en Gaza. Ahí, ser periodista es un acto de resistencia y de heroísmo. Cada transmisión desde las ruinas, cada fotografía de un niño entre escombros, es un desafío al imperio mediático que quiere invisibilizar el genocidio.
Mientras tanto, la ONU y los organismos internacionales vuelven a fallar. No existen sanciones contra Israel por asesinar periodistas, a pesar de que están protegidos por el derecho internacional. El silencio institucional revela la misma complicidad que permite la hambruna y los bombardeos.
La matanza de comunicadores palestinos es un ataque frontal a la verdad y a la humanidad. Pero también demuestra algo más grande: que el periodismo verdadero, comprometido con la vida y con la justicia, sigue vivo en Gaza. Los mártires de la prensa palestina nos dejan una lección imborrable: contar la verdad puede costar la vida, pero su eco es indestructible.
Frente al intento de silenciar, el deber de los pueblos es amplificar esas voces, denunciar la barbarie y mantener viva la memoria de quienes con cámara en mano defendieron la dignidad de Palestina.
Gaza habla a través de sus mártires. La verdad no se bombardea.