La participación de la mujer en las luchas panameñas

1024 537 Ramón Campos

Compartimos con todas y todos un artículo escrito por Dania Batista Guevara, titulado «La participación de la mujer en las luchas panameñas». A continuación se presenta el texto original:


El papel que ha jugado la mujer panameña consciente y revolucionaria, a través de la historia republicana, ha sido fundamental. Su lucha ha estado presente a lo largo del siglo XX, aunque pocas veces o casi nada, los libros de historia han hecho clara su participación.

Hoy intentaré hacer visibles hechos y nombres de mujeres históricas, vinculadas a las luchas populares junto al movimiento estudiantil, sindical, indígena y afrodescendiente, cuya participación fue notoria y destacada en las intensas jornadas por la soberanía nacional y la autoderminación, por el derecho a la ciudadanía, a la igualdad laboral, por los derechos humanos, contra la represión militar y persecución política, por la salud sexual y reproductiva,   por la solidaridad con los pueblos oprimidos del mundo, entre  otras causas igualmente justas para el pueblo panameño. Algunas de principios de siglo marcaron el camino, hoy una gran camada aún se mantiene en pie de lucha.

Desde sus comienzos ha incidido en la historia nacional. 

Cada época marca la lucha a seguir y en Panamá durante casi todo el siglo XX, el compromiso más trascendente, de la juventud de ese momento la nacionalización de la zona del canal, contra toda presencia imperialista en nuestro territorio nacional. Y para las mujeres que fuese reconocida su ciudadanía plenamente, su derecho a postularse y a poder ser elegidas.  

En 1922, Clara González, primera mujer abogada de Panamá, junto a importantes mujeres como:  Sara Sotillo, Enriqueta Morales, Elida Campodónico de Crespo, entre otras, funda el grupo feminista “Renovación”, cuyo objetivo era lograr una mayor participación de las mujeres en la vida pública con la reforma de leyes así como la obtención del voto femenino.  Al año siguiente constituye el Partido Nacional Feminista (PNF) en la búsqueda de la igualdad política, económica y social de las mujeres. También crea la “Escuela de Cultura Femenina”, el primero de esta categoría en el país, gratuito, para mujeres casadas o solteras mayores de 16 años, donde se impartían clases de historia, cívica, política, etc. para preparar a las mujeres en el ámbito profesional y laboral. Participó en el Sindicato General de Trabajadores, en el Partido Socialista y en la representación de la Liga de Inquilinato y Subsistencia. En 1944 crea el partido “Unión Nacional de Mujeres” junto a otras compañeras de lucha como Stella Sierra, Gumersinda Páez, etc. En 1945 es postulada como diputada a la Asamblea Constituyente. Llegó a ejercer el cargo de viceministra de trabajo, previsión social y salud pública. 

Por otro lado, Esther Neira de Calvo funda en 1923 junto a otras mujeres  la Sociedad Nacional para el Progreso de la Mujer, la cual buscaba la emancipación de la mujer por medio de la educación y el trabajo. En 1945 funda la Liga Patriótica Femenina que buscaba a través de la educación crear conciencia en las mujeres de sus derechos políticos y civiles. Ese mismo año se postula con el apoyo de otros partidos políticos para las elecciones de la Asamblea Constituyente, saliendo electa como diputada nacional junto a Gumersinda Páez como diputada por la provincia de Panamá, además de ser la primera diputada afrodescendiente en Panamá, las dos primeras diputadas en nuestro país frente a 51 diputados varones. De Gumersinda, cabe resaltar su labor también en defensa de los derechos soberanos de Panamá en la zona del Canal, el impulso del cine y de la radio como complemento de la educación.

En el ámbito político y reivindicativo destacan figuras como Felicia Santizo educadora, colonense afrodescendiente, quien lucha por el mejoramiento de la calidad de vida de los pobres. Destaca como organizadora del primer movimiento feminista popular. Este movimiento, denominado “Acción Femenina”, impulsó luchas por la emancipación de la mujer, por el derecho a la ciudadanía femenina y por el derecho a la elección en puestos públicos independientemente de la educación, posición social, economía, sexo y raza. Además de crear los primeros Clubes de Padres de Familia y Amigos de la Escuela, los coros y bibliotecas escolares, los comedores escolares para infantes, las campañas de alfabetización, organizó el primer Ballet Nacional del baile Congo en una época donde no era considerado parte de la cultura nacional. 

 Julia Palau de Gámez fue otra luchadora incansable. Sus intereses se centraban en rescatar a la mujer trabajadora de las penurias que suponía una educación deficiente y una situación económica deplorable. En 1918 funda la Sociedad Mutual Concordia, llegándola a dirigir, la cual agrupaba a personas en oficios similares que entregaban cuotas y creaban una caja común para hacer frente a situaciones imprevistas o urgentes. Pero su preocupación no sólo era de clase sino también por los derechos de las mujeres trabajadoras. Esto lo lleva a crear los talleres-escuela, con el apoyo de la Federación Obrera, la cual buscaba formar mujeres pobres en un oficio digno, ya que las mujeres tenían pocas oportunidades de desarrollarse en la sociedad lo que su vez limitaba sus derechos civiles, políticos y laborales. Tenían como fin aumentar la economía de las mujeres, realzar su capacidad intelectual y social, su independencia, a través del trabajo y de la educación. Ahí se enseñaba la fabricación de flores, frutas, sombreros y zapatillas con fibras nacionales, algunas profesiones como: mecanografía, estenografía, enfermería, modistería, etc. Deseaba también por medio de éstos fomentar lo que llamaba una “Liga continental o hispanoamericana” de solidaridad entre los pueblos latinoamericanos.

Se tienen noticias también de la participación de las mujeres en la Federación Obrera. Para el año de 1921, las mujeres constituían un gremio dentro de los 13 que integraban la Federación.

Igualmente, se da la participación femenina en casos tales como: la Sociedad de Empleados del Comercio (3 mujeres en la Directiva); la Sociedad de Peritos Mercantiles (con 4 mujeres) y la Sociedad Ayuda Mutua (con una mujer).

Con la Huelga Inquilinaria de 1932, por la rebaja de alquileres en los arrendamientos para los obreros y personas de escasos recursos económicos. En esta ocasión las mujeres se integran aún con más fuerza que en la huelga del mismo tenor de 1925 y conforman el “Comité de Mujeres Inquilinarias”.  Las mujeres juegan un papel de primer orden con la llamada “Olla Común”, que consistía en la preparación y repartición de comida a los integrantes del Movimiento Inquilinario. Esta actividad fue dirigida, entre otras, por: Ernestina Martínez, Pastora Begano y Agustina González.

Del mismo modo, se percibe la activa participación del elemento femenino en: la Huelga de Zapateras y Zapateros de mayo y junio de 1935, la Huelga de las Trabajadoras de la Fábrica de Vestidos “El Corte Inglés” de mayo de 1938, etc. Cabe destacar la figura de la sindicalista Marta Matamoros, quien vivió las penurias y humillaciones que sufrían los trabajadores especialmente las mujeres, quienes recibían menor paga que el hombre, en condiciones deplorables, espacios muy cerrados, con mucha calor y si estaban embarazadas debían trabajar hasta el último día antes del parto y regresar inmediatamente luego que daban a luz sino corrían el riesgo de ser despedidas. En 1946, organiza junto a las demás obreras una huelga en el Bazar Francés demandando mejoras en los salarios, en las condiciones laborales y el trato por parte del patrono, la misma duró 38 días. En ese mismo año participa en la elaboración del código de trabajo presentando a través del sindicato una propuesta de ley ante la Asamblea Nacional, para que las embarazadas gocen de salario antes y después del parto. En 1952 es nombrada Secretaria General de la Federación Sindical de Trabajadores, hoy conocida como la Central Nacional de Trabajadores de Panamá (CNTP), primera mujer panameña en ocupar tal puesto.

En otro orden de ideas, las mujeres estuvieron en la organización del Primer Congreso de Estudiantes Federados que organizó en febrero de 1944. 

Con el rechazo al convenio Filós-Hines en diciembre de 1947, que pretendía prorrogar a los norteamericanos por más tiempo, la posesión de bases militares en todo el territorio nacional. En aquella ocasión, la Unión Nacional de Mujeres realizó el 16 de diciembre de 1947, una multitudinaria manifestación de 10, 000 mil mujeres ante el Palacio Legislativo. Hicieron uso de la palabra Augusta Ayala, Ana Isabel Illueca, Virginia Paredes de Pérez, Gilma de Lasso, Blanca de Sánchez y la gran sindicalista Marta Matamoros. Destacaron de igual manera en esta gesta gloriosa Natividad Piñango, estudiante de escuela secundaria; Gladys Coronado, Denis Ortíz, Aurita Ducreaux, de la Asociación Federada de la Escuela Normal. Esa misma noche se llevaba a cabo un mitin en Santa Ana, en el cual participó Carmen Miró.

En esta jornada contra el nefasto Filós-Hines, desde septiembre de 1947 en Santiago de Veraguas, Blas Bloise junto a Fátima Roddines y otros, se trasladaban de pueblo en pueblo, realizando charlas, organizando comités de trabajo y promoviendo entre los ciudadanos su participación en esta lucha anticolonial.

En la década de 1950, tenemos Siembra de Bandera del 3 de noviembre de 1959 y la Operación Soberanía del 2 de mayo de 1958, en esta última participaron mujeres como Imelda Yolanda Berguido, Rosada Guerrero, Julita Botello, entre otros estudiantes, quienes colocaron numerosas banderas en distintos edificios en la zona del Canal como reafirmación a nuestra soberanía.

En 1960 surge la Vanguardia de Mujeres Panameñas, integrada por profesionales y estudiantes de izquierda, quienes entre otras cosas luchaban por la soberanía e independencia nacional.

En la gesta heroica de enero de 1964, las mujeres se hicieron presente dando su gota de sacrificio. Según el Informe Preliminar de los casos atendidos en tres instituciones de salud (Santo Tomás, Seguro Social y Hospital Amador Guerrero en Colón) en los sucesos del 9 al 12 de enero de 1964, elaborado por el Dr. Guillermo Beleño. 35 mujeres fueron heridas (4 por bala, 2 por perdigones, 9 por bomba lacrimógenas, 14 por lesiones de otro tipo y 6 sin especificar el tipo de lesión). Hubo dos muertas.

Las mujeres articuladas en organizaciones estudiantiles, sindicales, sociales y populares estuvimos vigilantes por la por la salida del último soldado norteamericano en suelo panameño. 

En luchas más recientes, las mujeres seguimos participando en la reivindicación por nuestros derechos en distintos ámbitos: social, económico, sexual, político, artístico, entre otros. Desde organizaciones y colectivas feministas como Espacio Encuentro de Mujeres, Pánico Moral, Colectiva Fémina, Círculo Marta Matamoros, Red de Mujeres Trabajadoras, Tener Ovarios, Fundagénero, UNAMUP; como dentro de las organizaciones de izquierda como Polo Ciudadano, Partido del Pueblo, entre otras. 

No puedo dejar de mencionar  a algunas de las compañeras que han recorrido y abierto el camino a nosotras para seguir en la lucha, por lo que pido disculpas si se me escapan los nombres de otras camaradas: Nelva Reyes, Juana Camargo, Briseida Barrantes (desde el movimiento estudiantil, socialista  y popular, década de  los 80 hasta la fecha), Briseida Allard, Aleyda Terán, Mariblanca Staff, Gilma de León, Urania Ungo, Ysela Alanys (QEPD), Ángela Alvarado (QEPD),  Hayde Méndez,  Priscilla Vásquez, Dalys de Pérez, Gabriela Rosas, Mireya Pierce,  Celia Sanjur, Tayra Barsallo, Eneida Romero de Changmarín, Carmen Anthony y muchas más.  

Las mujeres en Panamá  seguiremos en las calles buscando justicia social en  igualdad de condiciones y equidad, en conjunto con el pueblo organizado.   Somos conscientes de que aún falta mucho camino que recorrer, pero estamos seguras de que otro mundo es posible alcanzar.    

La lista de las demandas para lograr una sociedad más justa es larga, por lo que hoy compartimos las palabras de la compañera Secretaria General de la Central General Autónoma de Trabajadores de Panamá (CGTP), la educadora Nelva Reyes, quien nos señala que:

“Hoy demandamos las siguientes:

1. Alto a la discriminación por el hecho de ser mujer. Hay diferencias importantes en el plano salarial, desigualdad en las posiciones ejecutivas, directivas, no hay equidad de género, pese a que las mujeres en Panamá, el 65 % de los que estudian y se gradúan en la Universidad de Panamá son mujeres. Se siguen solicitando pruebas de embarazos para obtener un trabajo, eso es discriminación.

2. Alto al acoso laboral hacia las trabajadoras, (no más gritos, regaños, falta de respeto y acoso sexual, entre otros)

3. Por el establecimiento de guarderías y Centros de Orientación Infantil (COIF), tal como lo establece el Código Trabajo en su Artículo 115, donde señala que en los sitios donde hay concentración de trabajadoras debe haber guarderías y COIF. Llamamos la atención sobre que hay una gran cantidad de centros comerciales, en la ciudad de Panamá y en el interior del país, donde hay cientos de mujeres en edades reproductivas laborando y no hay una sola guardería.

4. Alto a la violencia contra la mujer. Se mata a la mujer en la casa, pero también se ha hecho en el puesto de trabajo. El pasado 8 de marzo, fuimos en una caminata a la Corte Suprema de Justicia, a buscar respuesta a un Amicus Curie que habíamos solicitado el 13 de diciembre en el caso de Elybeth Zetner. Cinco años tiene la familia Zetner de subir y bajar escaleras en diversos juzgados, fiscalías, y ahora la Corte, y aún no se hace justicia. La familia desea saber la verdad, y las autoridades tienen el deber de investigar con transparencia lo sucedido.”

Quiero cerrar citando con el Ier. párrafo del manifiesto del Grupo Renovación, el cual data de diciembre de 1922:

“Mujeres panameñas: Ha llegado el momento en que el deber nos impone reclamar el puesto de absoluta igualdad al hombre ante la ley que de hecho nos corresponde. Nosotras, con nuestros esfuerzos y trabajos, ora como madres, ora como profesoras y maestras, ora como obreras, estamos realizando una labor trascendental para el progreso de nuestra nación, y no es justo que esta nación, a la cual hemos consagrado todas las energías de nuestro espíritu y de nuestro cuerpo, nos mantenga en un plano inferior al que ocupa el hombre ante los derechos y responsabilidades de la ley”.

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